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Ya se puede afirmar. El coche eléctrico forma parte imprescindible de la industria de la automoción. Los fabricantes más punteros han obrado lo que, para muchos, era casi un milagro hace un lustro: electrificar toda su gama. Para entender cómo lo han conseguido (y por qué esto solo es el principio), hemos de mirar al desarrollo de las baterías.


El auténtico SUV urbano 100% eléctrico, que viene a revolucionar el sector con sus más de 400 kilómetros de autonomía y una potencia de 408 CV. Para que puedas disfrutar al máximo de la carretera de la forma más sostenible.

En la carrera por el coche eléctrico, Volvo fue uno de las compañías que mejores resultados obtuvo en 2020. Sí, fue durante el aciago año anterior en el que los modelos enchufables del fabricante sueco, reconocidos bajo el emblema Recharge, alcanzaron el 17 % de las ventas totales de Volvo, lo que supuso un aumento de más de un 10 % con respecto a 2019.

En 2021, el objetivo de la compañía es sobrepasar el 25 % y, en un medio plazo, convertirse en una marca 100 % eléctrica. De hecho, los vehículos 100 % eléctricos ya forman parte de la gama de Volvo en España, después de la llegada del recién presentado Volvo C40 Recharge y el Volvo XC40 Recharge. El SUV homologa hasta 418 kilómetros de autonomía en ciclo WLTP

Una cuestión de kWh

Aquellos escépticos del coche eléctrico que durante la anterior década vaticinaban que era imposible llegar a este tipo de autonomías tienen poco que celebrar. La tecnología de baterías de iones de litio, a la que ha seguido la de polímero de litio, ha recorrido una rápida senda de perfeccionamiento.

Apostar por implementar las baterías ha demostrado repercusiones sinérgicas, pues se ha conseguido aumentar: 

  • Capacidad energética o volumen de energía eléctrica que pueden atesorar, estandarizado ya en kWh. Por ejemplo, el Volvo XC40 Recharge cuenta con una batería de 78 kWh.
  • Densidad energética. Se trata de un valor algo más desconocido, pero quizá más relevante, pues se refiera a la cantidad de energía en condiciones de volumen o masas constantes. Según estas últimas, se mide en Wh/l o Wh/kg.

Elevar estos valores está amilanando algunos de los obstáculos propios del coche eléctrico, pues abre la puerta a reducir:

  • El volumen físico de las baterías. Permite simplificar su integración o buscar fórmulas de ubicación nuevas para fomentar, por ejemplo, la seguridad de los vehículos.
  • La masa de las baterías. Una menor masa y peso implican reducir de forma importante el lastre que esta pieza esencial del coche eléctrico ejercía sobre la propia marcha. No solo incide en la autonomía, sino también en las características de la conducción.
  • El precio final de los vehículos eléctricos. La mejora de las baterías no es el único valor que influye en la disminución paulatina del precio de los modelos eléctricos, pero es clave para que se produzca.

A efectos prácticos, la innovación con las baterías ha logrado coches eléctricos con mayores autonomías y a precios cada vez menores.

Las 4 B de la industria de la automoción: baterías buenas, bonitas y (sobre todo) más baratas de producir

Como ya ocurriera en otros sectores, la industria de la batería ha desembarcado de lleno en la industria de la automoción. Lo cierto es que, si lo analizamos en un medio o largo plazo, resulta sorprendente la evolución a la baja que han sufrido los costes de producción.

Según un último informe de BloombergNEF, el precio de fabricar para una batería de automoción un kWh superaba en 2010 los 1.100 dólares. En 2020, esa cifra se sitúo en 137 dólares/kWh. Las estimaciones que se barajan es que en 2030 ronde los 58 dólares. Esta proyección ha favorecido la rápida llegada al mercado de modelos como el Volvo XC40 Recharge.

Tras este logro mayúsculo se esconde el trabajo conjunto de Volvo con proveedores de baterías como CATL o LG Chem. El mercado es más competitivo y arroja mejores datos que nunca. Al mismo tiempo, las economías de escala han propiciado la posibilidad de encauzar de forma masiva las baterías para automoción. 

La plataforma modular de Volvo CMA se ha convertido en el instrumento que permitirá a la compañía triplicar su producción de modelos Recharge en menos de dos años, con la vista puesta en el siguiente 100 % eléctrico basado en el XC40, el Volvo C40 Recharge.

Una producción ética

Por supuesto, la transición hacia la movilidad eléctrica conlleva no solo cambiar los coches que se venden, sino también la manera de producirlos. Esto supone verificar la ética que va desde la extracción de los minerales esenciales de las baterías hasta su reciclaje.

La industria comparte la idea de que el litio o cobalto no pueden convertirse en el «nuevo petróleo». En el caso de Volvo, reconocen que es el mismo sector de la automoción el que no puede mirar hacia otro lado. Los suecos, que ya se caracterizaban por primar la sostenibilidad en el proceso de producción, han pasado a la acción.

Así, Volvo ha anunciado que va a aplicar la tecnología blockchain para implantar un sistema de trazabilidad del cobalto presente en las baterías Esto abre la posibilidad de realizar un seguimiento real del «origen del cobalto y características tales como el peso y el tamaño, así como la cadena de custodia e información que confirma que el comportamiento de los participantes cumple las guías de la OCDE sobre la cadena de suministro».

¿Cómo pueden mejorar la seguridad las baterías?

Otro aspecto inseparable de la hoja de ruta de Volvo con la movilidad eléctrica es el de la seguridad. ¿Cómo integrar la batería en un modelo eléctrico para mejorar la protección en caso de accidente?

De ahí que el posicionamiento bajo el habitáculo de las baterías no sea fruto de una coincidencia o antojo de ingeniería. En el caso del Volvo XC40 Recharge, va más allá de la propia funcionalidad, pues su batería bajo el chasis, y el tren de tracción en su conjunto, contribuyen al mejor reparto y absorción de la energía en caso de impacto vial. Lo explica uno de los expertos de Volvo en seguridad, Thomas Broberg:

«Se podría pensar que es una ventaja tener algo más pequeño […] en el frente del vehículo. Pero la manera en la que realizamos el diseño para los casos de impacto frontal, tomando en consideración que en el mundo real los accidentes conllevan ángulos, diferentes velocidades o circunstancias, la motorización en sí misma es parte del sistema que ayuda al reparto de cargas».

En los casos de estudio de accidentes, se comprueba que la motorización en sí misma es parte del sistema que ayuda al reparto de cargas

Este reparto de cargas no es ajeno a la conducción eléctrica. Quien se haya puesto al volante de un modelo 100 % eléctrico sabe los beneficios del mismo de cara a la maniobrabilidad, la eficiencia en la conducción o la propia seguridad, al hacer mucho más complicado el vuelco.

La potencia cambia de unidad de medida

Si hace no tanto los ecos de un cambio en la movilidad apenas llegaban a nuestras carreteras, hoy la situación es completamente diferente. Así, los CV (caballo de vapor) están dejando paso a los kW (kilowatio). Se trata de una revolución que nos va a afectar irremediablemente. Fabricantes como Volvo han dejado de proyectar modelos diésel y solo barajan soluciones de electrificación o 100 % eléctricas para los próximos años.

Como asegura Håkan Samuelsson, CEO de Volvo Cars, «para nosotros, la sostenibilidad es ahora tan importante como la seguridad». Son conscientes de que la industria de la automoción ha sido parte del problema de la sostenibilidad, por ello, en Volvo se han comprometido a formar parte activa de la solución.

Si hace diez años el coche eléctrico parecía más que una quimera, de aquí a otros diez años será casi inconcebible encontrar un conductor que no conduzca o haya conducido un modelo movido por energía eléctrica. Los cimientos se están creando con baterías más seguras y accesibles. Además, ofertas como la que actualmente mantiene Volvo para el XC40 T4 Recharge Premium Edition, nos lo ponen un poquito más fácil.