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Está demostrado que, en lo que a emisiones se refiere, el potencial del coche eléctrico resulta imbatible. Eso no quiere decir que elevar los niveles de sostenibilidad en la movilidad sea una labor sencilla. Y es que, para explotar al máximo el rédito medioambiental de la movilidad eléctrica, se requiere de un contexto energético determinado.

Volvo XC40 Recharge Eléctrico Puro

El auténtico SUV urbano 100% eléctrico, que viene a revolucionar el sector con sus más de 400 kilómetros de autonomía y una potencia de 408 CV. Para que puedas disfrutar al máximo de la carretera de la forma más sostenible.

La tecnología del coche eléctrico, al tiempo que se ha perfeccionado para lograr modelos con autonomías superiores, ha encontrado detractores en su evolución. Uno de los argumentos más repetidos por estos tiene que ver con las emisiones derivadas de la electrificación.

Por eso, en los últimos años, no ha sido extraño toparse con algunos documentos no oficiales en lo que se afirmaba que un vehículo eléctrico contamina más que uno convencional. ¿Cómo es posible que un coche cero emisiones sea más contaminante? Esto no tiene, ni mucho menos, por qué ser así. Depende de algunos factores relacionados con la vida de un vehículo desde su concepción. 

En este caso la cuestión estriba no solo en las emisiones ocasionadas por la conducción en sí, sino también en las que afectan a su fabricación y la producción de energía eléctrica que lo nutre. Se trata de un fenómeno que ocurre con todo objeto de consumo alimentado por electricidad: desde los dispositivos más tecnológicos y sofisticados hasta una «simple» bombilla.

Lo que se demanda en nombre de la sostenibilidad es un compromiso para extender la reducción de emisiones a todas las etapas de la vida de un vehículo. Desde Volvo lo tienen muy presente a la hora de desarrollar 100 % eléctricos como el Volvo XC40 Recharge Eléctrico Puro. De ahí que estén acometiendo cambios importantes en su cadena de producción y elevando así sus estándares de sostenibilidad.

Del panel solar a la rueda

Analizar toda la contaminación asociada a la vida de vehículo, desde su concepción hasta su achatarramiento, pasa por considerar las emisiones del pozo a la rueda. Es decir, se incluyen, aparte de los humos de su tubo o tubos de escape, las que se generan en el proceso de producción o en la obtención del combustible o energía que lo mueve.

Esas emisiones, por tanto, dependen de diferentes factores y agentes, más allá del propio conductor. Por supuesto, los modelos eléctricos parten con una ventaja fundamental: su conducción supone cero emisiones. Esto repercute de forma directa en la calidad del aire de las ciudades, independientemente de la contaminación indirecta y generada en otras localizaciones.

Volvo aspira a la neutralidad climática en 2040

Tomando como referencia la hoja de ruta de Volvo, el proceso de fabricación es la primera parada de la reducción de emisiones. Por eso, la marca sueca se ha fijado el objetivo de convertir en una compañía climáticamente neutra llegado el año 2040. Se han propuesto reducir la huella de carbono en el ciclo de vida de cada vehículo en un 40 % entre 2018 y 2025.

En este punto entran en juego las fuentes limpias de obtención de energía. De hecho, Volvo ya apostó por la energía hidroeléctrica en sus plantas europeas en 2008. En la actualidad, la energía proveniente de fuentes renovables supera el 80 % del saldo energético que emplean todas sus fábricas a nivel global.

Y si nos quedamos en Europa, el 100 % de la energía de sus fábricas es hidroeléctrica, eólica o solar. Esta última se añadió en 2018 al mix particular de Volvo, con la instalación de más de 15.000 paneles fotovoltaicos en su planta de Gante (Bélgica).

A todo ello hay que añadir la optimización de los sistemas de calefacción en las plantas gracias a la biomasa, incineración de residuos o los biocombustibles reciclados; el cambio en los procedimientos de pintado con sustancias menos dañinas; la introducción de nuevos materiales ecológicos, con la consecuente reducción de plásticos o el reacondicionamiento de piezas.

El mix energético aplicado a la movilidad

Aquellos informes que demonizan al coche eléctrico tienden a deformar, en cierta medida, la realidad a su favor. Se evidencia de forma especial porque suelen considerar que los modelos eléctricos se nutren de energía que ha sido producida mediante fuentes muy contaminantes, como el carbón.

En el fondo, el escenario energético que nutre al coche eléctrico dista de ser sencillo. Hay que tener en cuenta que, en función del lugar de recarga, se puede obtener una energía eléctrica más o menos limpia. En términos generales, esas emisiones del «pozo y del panel solar a la rueda» dependerán del denominado mix energético de cada región.

Entendemos por mix energético la combinación de las fuentes de energía utilizadas por un país. Si nos centramos en el mix de energía eléctrica, encontramos fuentes basadas en combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo o el gas natural; la energía nuclear y las fuentes limpias renovables. De estas últimas, las más relevantes en nuestro país son la eólica, hidráulica y la energía solar.

La buena noticia para el coche eléctrico en España es que, en 2020, llegamos al récord en producción de renovables. Según datos de Red Eléctrica, el 43,6 % del total de la energía eléctrica producida provino de fuentes renovables, un aumento de un 6,1 % con respecto a 2019.

Jamás fue tan ecológico conducir un coche eléctrico

La dinámica se dirige a una descarbonización que afecte a todos los sectores, no solo al del transporte. La llamada cuota renovable seguirá en ascenso y, a la par, las emisiones «del pozo a la rueda» asociadas al coche eléctrico seguirán una inevitable caída. Un margen de mejora medioambiental del que, por cierto, carecen los modelos térmicos.

A nivel de usuario (o de conductor), las comercializadoras van apostando cada vez más por ofrecer energía 100 % renovable, lo que hace posible conseguir que la recarga doméstica de los modelos actuales, como el Volvo XC40 Recharge Eléctrico Puro o  el XC40 Recharge Híbrido Enchufable, sea aún más limpia.

Poco a poco, nos vamos acercando desde todos los ángulos a esa concepción de un futuro eléctrico por la que está apostando Volvo tanto en sus nuevos vehículos como en todos los procesos que hay detrás de ellos.

Baterías y fuentes renovables: una gran amistad

Quedan un par cuestiones para cerrar este círculo de sostenibilidad: ¿de dónde proceden las baterías y qué hacemos con ellas? Son interrogantes también muy presentes entre los objetivos medioambientales de Volvo.

Por una parte, el fabricante sueco ha sido el primero en aplicar la tecnología de blockchain en su cadena de suministro de cobalto; por otra, se estudia cómo pueden contribuir las baterías con las energías renovables, mediante su reciclaje industrial. En ese sentido, Volvo apuesta ya por la reutilización de las mismas como acumuladores solares con sus socios de BatteryLoop; o por la flexibilización del suministro de energía hidráulica con la compañía sueca Comsys AB.

La idea es que en la descarbonización no quede ningún cabo suelto, de modo que las emisiones contaminantes en todas las etapas de la vida de un coche pasen a ser anecdóticas en pocos años. Desde luego, para un futuro en clave eléctrica, la colaboración entre el sector de la automoción y el de las energías renovables se torna imprescindible.

Imágenes | Volvo, iStock/imacoconut, iStock/Fahroni e iStock/TebNad