Xataka
Contenidos contratados por la marca que se menciona

+info

Entre los modelos de principios del siglo XX y los coches actuales hay muchas diferencias, pero sin duda la que más impacta a primera vista es el diseño de la carrocería. Hemos pasado de conducir auténticas cajas con ruedas a vehículos con líneas cada vez más suaves. La razón hay que buscarla en la aerodinámica. Un concepto clave en el diseño de los vehículos modernos, que en los modelos de Volvo tiene especial relevancia.

Características:

El sedán deportivo que reescribe la historia de la conducción. Elegante, dinámico y conectado, para garantizarte una experiencia única al volante. Descubre todas sus posibilidades y niveles de acabado disponibles.

¿Qué es la aerodinámica y por qué es tan importante?

La aerodinámica es una parte de la mecánica que se ocupa, entre otras cosas, del movimiento del aire alrededor de los objetos. Los coches son objetos y, como tales, presentan una cierta resistencia al aire al avanzar.

La intensidad de ese choque determinará que el vehículo tenga que realizar un mayor o menor esfuerzo mecánico para desplazarlo y, por tanto, consumir más o menos combustible. También incidirá en otras cuestiones como su nivel de emisiones, nuestra comodidad al conducir, la seguridad o incluso el comportamiento del automóvil.

Para reducir esa resistencia al aire, que se conoce como resistencia aerodinámica, es necesario disminuir la superficie frontal del vehículo. Reducirla lo máximo posible. Esa es la razón principal por la que los coches han dejado de tener apariencia de caja para asemejarse más a una bala.

Sin embargo, la aerodinámica de un vehículo no se limita a la resistencia que ejerce su parte frontal frente al aire. Hay otros flujos que la condicionan. El aire también ejerce rozamiento sobre los laterales y el techo de los automóviles. Incluso ejerce fuerzas sobre sus bajos que tienden a elevar el vehículo y otras de succión sobre la parte trasera. Hasta el aire que entra al motor determina el comportamiento del automóvil.

La velocidad, el ingrediente que faltaba

Para complicar un poco más la cosa, la velocidad también influye sobre la resistencia aerodinámica del coche. Y lo hace de manera exponencial. Resulta que esa resistencia es proporcional al cuadrado de la velocidad del vehículo.

A efectos prácticos, esto explica por qué un coche tiende a consumir mucho más a velocidades elevadas que cuando circula despacio. Así, a medida que los coches fueron alcanzando mayor velocidad punta, su aerodinámica se volvió más importante.

Lo ideal sería que el coche tuviera forma de aguja o algún objeto similar. El problema con las agujas es que no cabe nada dentro de ellas. Tampoco están preparadas para equipar todo lo que lleva un coche: neumáticos, suspensiones, motor, climatización… Por eso los ingenieros encargados del diseño de un vehículo trabajan a conciencia para conseguir un equilibrio entre espacio interior, prestaciones, capacidad, estética y eficiencia aerodinámica, entre otros factores.

Ese equilibrio se refleja en el coeficiente de arrastre o de resistencia aerodinámica del coche (Cx). Este concepto sirve, a grandes rasgos, para reflejar la resistencia que opone un vehículo al viento. Lo hace entre el número 1 (resistencia total) y el número cero (ninguna resistencia). En el caso del Nuevo Volvo S60, ese coeficiente es de tan solo 0,27.

No todo es aerodinámica: el peso también cuenta

Junto a la aerodinámica, otro factor que influye decisivamente en el consumo y las emisiones de un vehículo es su peso. Cuanto más pesa un coche, mayor esfuerzo debe realizar el motor para desplazarlo, pero no solo eso. También tenderá a aumentar su rozamiento contra el suelo a través de los neumáticos. Todo esto se traduce en un mayor consumo de combustible y nivel de emisiones contaminantes.

Esta es una de las razones principales por las que los materiales con los que se fabrican los coches se han ido aligerando con el tiempo. Hemos pasado de utilizar chapa de acero y madera a aleaciones de aluminio, fibra de carbono e incluso plásticos.

La presencia de materiales más ligeros no es solo cuestión de la carrocería. También los motores han ido reduciendo su tamaño y su peso para adaptarse a las nuevas normas de emisiones. En el Nuevo Volvo S60, su bloque motor está fabricado en aluminio.

Este es uno de los factores por los que el peso de este vehículo se sitúa entre los 1.677 kg y los 2.055 kg, según el equipamiento elegido. Se trata de un excelente registro para un sedán que supera los 4,7 metros de largo y cuenta con una capacidad total de 442 litros.

Los avances en diseño y rendimiento que presenta el nuevo Volvo S60 mantienen su consumo mixto entre 6,7 y 6,8 l/100 km en sus versiones de 190 CV. Además, lo sitúan dentro de la norma Euro6d-TEMP, con emisiones de CO2 entre 149 g/km y 155 g/km, según el modelo.

La batalla por la autonomía

La influencia de la aerodinámica sobre el diseño de los vehículos tiene una larga vida por delante. Esto se debe a que también influye sobre su autonomía. Cuanta menos resistencia opone, menos esfuerzo necesita desarrollar y, por tanto, menos energía consumirá.

En el caso de los coches eléctricos e híbridos enchufables, toda ayuda para aumentar su autonomía es bienvenida. Por eso, a lo largo del tiempo se han desarrollado sistemas como el de recuperación de energía durante la frenada. Incluso se ensaya con materiales ligeros capaces de reducir el peso del vehículo y, al mismo tiempo, hacer que la carrocería actúe como si fuera una batería.

En los próximos años, el sector de la automoción seguirá buscando la manera de conseguir que los coches corten el viento, en lugar de darse de bruces con él. Un camino que se emprendió el siglo pasado y que sigue buscando su perfección.